El golpe ante Riestra aceleró los tiempos: Boca se juega en Chile mucho más que una clasificación

La reconstrucción de Boca encontró en su cuarto partido la primera amenaza de derrumbe. El 0-3 ante Riestra, por la primera fecha del Torneo Clausura, significó mucho más que la pérdida de tres puntos y convirtió la revancha de este jueves ante O’Higgins, por los 16avos de final de la Copa Sudamericana, en un partido que puede empezar a marcar el rumbo del ciclo de Rodolfo Arruabarrena.

El entrenador fue muy duro con el rendimiento de sus dirigidos, pero sobre todo puso el foco en un aspecto: la actitud. Una preocupación que ya había aparecido en la ida frente a a los chilenos, en la Bombonera, donde Boca apenas ganó 1-0 y dejó la serie abierta. Aquel día vio un equipo entusiasta, pero al que le faltó decisión para ir por el segundo gol y empezar a liquidar la historia, y que al comienzo sufrió defensivamente. El Vasco pretende un Boca como el que construyó en 2015: podrá jugar mejor o peor, pero nunca resignar la agresividad que siempre identificó a sus equipos.

En su debut en el Torneo Clausura, Boca cayó 3-0 ante Riestra y, aun con muchos suplentes, dejó una imagen preocupante de cara al desquite con O’HigginsManuel Cortina – LA NACION

La frustración del entrenador quedó resumida en una imagen. Después del tercer gol de Riestra, caminó con bronca hacia el banco mostrando tres dedos de una mano. El significado quedó sujeto a distintas interpretaciones. ¿Era por Lautaro Blanco, Malcom Braida y Milton Delgado, que no cortaron a Alexander Díaz en la jugada? ¿Por las tres llegadas del rival, todas convertidas? ¿O por la responsabilidad del arquero en cada una de ellas? Difícil saberlo. Lo concreto es que la escena reflejó mejor que cualquier declaración cómo vivió el partido y el fastidio con el que se fue de la cancha.

“Me preocupa que no podamos levantarnos de esta derrota”, dijo después del golpe. Reconoció que el vestuario parecía “un cementerio” y volvió a insistir con la necesidad de incorporar jugadores, especialmente un centrodelantero. Edinson Cavani rescindió su contrato, Adam Bareiro sigue lesionado y Milton Giménez recién empieza a trabajar con el grupo, por lo que hoy Miguel Merentiel es el único delantero de referencia.

El principal apuntado es David Romero, de Tigre, por quien Boca ya inició gestiones, aunque todavía está lejos de un acuerdo. La diferencia económica con las propuestas de Europa y Arabia Saudita sigue siendo importante. Por eso, Boca intenta achicarla incluyendo préstamos de futbolistas que hoy no son titulares, como Williams Alarcón, Kevin Zenón, Camilo Rey Domenech y Jabes Saralegui, cedido a Tigre, además de la posibilidad de que el club de Victoria conserve un porcentaje del pase. Otro nombre que sigue en carpeta es Luciano Gondou, ex Sarmiento y Argentinos Juniors, hoy en Spartak Moscú, aunque el club ruso lo tasó en 10 millones de euros.

Ninguno llegará antes del jueves. Así, Arruabarrena deberá afrontar la revancha con los jugadores que tiene a disposición: apenas contará con tres entrenamientos para recomponer el ánimo del plantel y ensayar variantes de cara al partido en Rancagua.

Cómo vivió el partido el Vasco

Frente a Riestra, el técnico apostó por darles descanso a algunos titulares y, al mismo tiempo, evaluar a otros futbolistas que podían ganarse un lugar para la revancha, como Braida, Lautaro Di Lollo, Marco Pellegrino y Alan Velasco. Ninguno aprovechó la oportunidad. El único que podría meterse en el equipo es Santiago Ascacibar, aunque más por una necesidad táctica que por su actuación del domingo: Boca necesita reforzar el mediocampo para defender la ventaja mínima y meterse en los octavos de final de la Sudamericana, donde espera Recoleta, de Paraguay. El panorama se complicó todavía más porque tampoco los titulares que ingresaron en la segunda etapa lograron cambiar la historia. Boca perdió 3-0 sin prácticamente exigir al arquero rival. “Nos faltó ímpetu para ir a buscarlo”, resumió el entrenador. En su concepción del juego hay aspectos innegociables. Uno de ellos es la ambición de ir siempre por más.

Estoy preocupado por todo, la parte defensiva y la ofensiva. Es un palo importante, un baño de realidad. Habrá que agachar la cabeza y trabajar. El primer responsable soy yo”, reconoció Arruabarrena. Una frase más propia de un ciclo desgastado que de uno que recién comienza. Boca llegaba de dos victorias consecutivas y algunas señales alentadoras, todavía insuficientes para transmitir confianza.

El entrenador sabe que el partido del jueves puede marcar el rumbo de su nuevo ciclo en el clubPrensa CABJ

La práctica de este lunes trajo dos novedades importantes. La primera fue el regreso de Leandro Paredes, que disfrutó de unos días de vacaciones en Bariloche, ya se entrenó con el grupo y será titular frente a O’Higgins. La segunda, la confirmación de que Álvaro Montero, que abandonó el estadio de Riestra con evidentes gestos de dolor, no sufrió ninguna lesión y podrá viajar a Chile. El análisis con el arquero pasa por otro lado. Ante Riestra recibió cuatro remates al arco y tres terminaron en gol. Al colombiano, de 2,01 metros, le marcaron dos tantos de cabeza y otro de emboquillada. No tuvo responsabilidad directa en ninguno, aunque en todos quedó la sensación de que pudo haber hecho algo más.

El plantel tendrá otros dos entrenamientos, este martes y miércoles en Ezeiza, antes de subirse al avión. O’Higgins también preservó jugadores y cayó 2-0 ante Deportes Concepción, un resultado que dejó al equipo de Lucas Bovaglio con menos margen de error de cara al partido de vuelta. Una serie en la que Boca siempre fue favorito, pero que todavía está por definirse después del 1-0 en Buenos Aires.

Para Arruabarrena, que conoce mejor que nadie el Mundo Boca, el partido del jueves pondrá mucho más en juego que un lugar en los octavos de final. Mucho antes de lo que cualquiera hubiese imaginado, también empezará a definir con qué crédito afrontará el resto del semestre.


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